La odisea de los fueguinos al salir a vacacionar por tierra: Lleva agua, plata y mucha paciencia

La odisea de los fueguinos al salir a vacacionar por tierra: Lleva agua, plata y mucha paciencia

diciembre 21, 2021 0 Por quetepasa1

Sábado 18 a las 5 de la madrugada llegamos al paso fronterizo San Sebastián desde la ciudad de Río Grande. En el lugar ya se había formado una fila de dos km y medio. Cientos de personas que llegaron minutos antes que nosotros o muchas otras que pasaron la noche en el lugar, durmiendo en el auto con niños y niñas, adultxs mayores y muchas, muchísimas, acompañadas por sus perros.

(Por Gabriela Bersier) El puesto fronterizo San Sebastián comenzó puntualmente la atención de pasajeros a las 6 de la mañana. La espera fue de cinco horas. El momento del trámite fronterizo es rápido si tenes todo actualizado: DNI, partidas de nacimiento si viajas con pequeños, cédula azul del automóvil y nada más. En ningún momento nadie nos requirió el certificado de vacunación, ni Mi Argentina actualizado ni nada similar.

Paso fronterizo San Sebastián argentino.

Primer paso, superado. Que alegría comprobar que es cierto y no un espejismo la pavimentación de los 14 km que separan San Sebastián argentino y chileno. La ruta tantas veces prometida, anunciada, proyectada, fotografiada y tantas veces obra incumplida es una realidad: la alegría del mismo dio para tomar algunas fotos. ¡Sin el fastidio de la espera seguro que me bajaba del auto y pisaba esa ruta descalza para sentir que es cierto!

Pero estamos todavía en la isla de Tierra del Fuego, haciendo el trámite de egreso. Si llevas el SAG (Servicio Agrícola Ganadero) completo vía remota te podes ahorrar el momento de tener que pedir el formulario en la oficina y volverte locx  para completarlo, porque ¿quién lleva una birome todo el tiempo y a todos lados?. Casi nadie.

Otra vez fila y todos los pasajeros a mostrar su identidad ante los tres puestos de control en la cabina correspondiente (Migraciones, Aduana y SAG). Una vez sellado seguimos viaje, casi la mitad del recorrido superado. Llegamos a Bahía Azul, una fila interminable de camiones del lado derecho de la ruta y otra mucho más extensa de autos al lado. Dos barcazas hacen el cruce de autos y pasajeros.

Ticket de pago del cruce de la barcaza.

Dos horas de espera en Bahía Azul y subimos a la barcaza. El cambio desfavorable hace que el cruce tenga un valor de 4300 pesos argentinos para unir isla y continente. Veinte minutos dura ese tramo, en los días de sol y cuando las escaleras están habilitadas para la parte superior el paseo tiene su atractivo. Te quedas pensando en porque es tan caro, porque no buscaste pesos chilenos y porque no firmamos con el Fondo a ver si de algún modo la economía se acomoda y dejamos de pagar locuras por todo. O miras el estrecho de Magallanes y sacas fotos y te ilusionas en que una tonina salte, que este muy cerca, te maravilles con la naturaleza y te olvides de lo que pagaste por 20 minutos de olas y profundidad, de cielo limpio y de olor a aceite, sal y viento.

Ya en lado continental transitamos los kilómetros que nos separan de la próxima aduana chilena, Monte Aymond. Un salón de grandes dimensiones alberga a todos y todas, con barbijos, manos sanitizadas y en fila. Una hora y media para sortear otra vez los tres controles (migraciones, aduana, SAG), sellos en cada papelito y yo pienso que es el último día del cuadro con Piñera sonriente en la pared de este edificio público.

Hay elecciones, no son obligatorias, y el empleado de migraciones me comenta que “a este no lo queremos más” mientras mira de reojo el cuadro. “Nos gustaría algo en el centro como la Bachelet”, me dice y estampa sellos mientras cierra la conversación con un “no voy a poder ir a votar porque abrimos mañana, una pena porque me gustaría hacerlo”.

Otro paso casi superado. “¿Están vacunados?”, fue la pregunta de la empleada de Migraciones que, ante la respuesta afirmativa, sello una hoja, no levantó la mirada y mucho menos se molestó en pedir los certificados de vacunación. Afuera de esa oficina, antes de levantar la barrera, un gendarme repitió la pregunta: “¿Están vacunados?”, ¡Siiii!, respondimos. Esa esperanza intacta, esa fe en que nos decimos la verdad, ese modo de no control total con una pregunta basta y con un SI, sobra. Todos vacunados, todos cansados, pero de vacaciones finalmente.

Fuente tardeperoseguro.