Las pruebas PISA 2025 dejaron dos datos que conviven en un mismo escenario. Por un lado, Argentina volvió a caer en Matemática, Lectura y Ciencias y registró sus peores resultados en casi dos décadas. Por el otro, más de la mitad de los estudiantes de 15 años utiliza inteligencia artificial todas las semanas como apoyo para estudiar.

El informe de la OCDE no concluye que la IA sea la causa del deterioro educativo, pero sí plantea un nuevo desafío: comprender cómo influye esta tecnología en la forma en que los adolescentes aprenden dentro y fuera del aula.
En Argentina, el 52% de los alumnos afirma usar chatbots de IA al menos una vez por semana para aprender. Además, cuatro de cada diez los emplean para investigar temas o resumir textos, y cerca de un tercio los utiliza para redactar trabajos escolares. Solo una pequeña minoría asegura no recurrir nunca a estas herramientas.
La discusión, según PISA, ya no pasa por si los estudiantes pueden usar IA, sino por cómo la incorporan al proceso de aprendizaje.
Al mismo tiempo, los indicadores académicos siguen siendo preocupantes. Apenas el 24% de los estudiantes argentinos alcanza el nivel básico en Matemática, mientras que en Lectura y Ciencias lo logra alrededor del 40%. Casi la mitad presenta un bajo rendimiento simultáneo en las tres áreas evaluadas.
La OCDE advierte que este deterioro comenzó antes de la expansión de la inteligencia artificial, por lo que atribuir la caída exclusivamente a estas herramientas sería una conclusión incorrecta.
El informe sostiene que la IA puede convertirse tanto en una aliada como en un atajo que reemplace procesos esenciales del aprendizaje. No es lo mismo pedir un resumen automático que analizarlo, detectar errores o discutir la calidad de la información que produce una herramienta generativa.
Además, otro problema aparece con fuerza: la distracción digital. Más de la mitad de los estudiantes argentinos asegura que los dispositivos interrumpen habitualmente las clases, una proporción muy superior al promedio de la OCDE.
PISA 2025 no responde si la inteligencia artificial hace aprender menos. Lo que sí demuestra es que llegó a las escuelas antes de que el sistema educativo definiera cómo integrarla para fortalecer, y no reemplazar, el aprendizaje.



