“Milei está desconectado de lo que vive la gente”, “molesta que se niegue la realidad” y “si los números cierran, no importa quién queda afuera”. Las críticas no provienen de dirigentes opositores ni de sectores que históricamente enfrentaron al libertario, sino de votantes que lo acompañaron en el balotaje de 2023 y que hoy manifiestan desencanto, dificultades económicas y pérdida de confianza.

Un relevamiento de la consultora TresPuntoZero, dirigido por Shila Vilker, refleja el malestar de quienes no se identifican con las ideas progresistas, pero sienten que el programa económico todavía no se traduce en mejoras concretas para sus hogares. Entre los testimonios recogidos aparece la posibilidad de no volver a votar al oficialismo si la situación no cambia de manera significativa. El descontento no implica necesariamente desconocer los avances que algunos reconocen en materia de inflación o estabilidad cambiaria, sino cuestionar cuánto más deberán esperar para sentir sus efectos en el bolsillo.
Ese grupo se convirtió en uno de los principales desafíos electorales de La Libertad Avanza de cara a 2027. Según la estimación de Vilker, quienes se alejaron del Presidente representan al menos una quinta parte de sus votantes del balotaje. Se trata de un electorado sin una conducción definida, pero con capacidad para inclinar una futura elección.
En la Casa Rosada, las conclusiones de las encuestas generan incomodidad y desconfianza. Los sectores más duros del oficialismo interpretan los estudios negativos como parte de una estrategia de empresarios, medios y dirigentes opositores para instalar un escenario de derrota. En ese clima, Milei volvió a cuestionar públicamente los datos sobre las dificultades de las familias para llegar a fin de mes y calificó esa afirmación como una “pelotudez del tamaño de una casa”.
Uno de los relevamientos que provocó la polémica fue el de Zentrix, que indicó que dos de cada tres argentinos agotan sus ingresos alrededor del día 20. Su director, Claudio Montiel, aclaró que eso no significa que las familias dejen de comer durante los últimos días del mes, sino que recurren a tarjetas de crédito, préstamos, ahorros o comprometen ingresos futuros para cubrir los gastos.
La discusión tuvo un fuerte impacto en las redes sociales. De acuerdo con el monitoreo de Ad Hoc, las declaraciones presidenciales generaron el mayor pico de menciones del mes y aumentaron las críticas hacia su gestión. La negatividad vinculada a Milei llegó al 56%, cinco puntos por encima del promedio registrado durante octubre.
En el propio oficialismo reconocen que la confrontación con los datos económicos cotidianos no les aporta beneficios. Un integrante de la Mesa Política admitió que existen varios informes que muestran un panorama similar y mencionó estudios de AtlasIntel, Proyección y D’Alessio IROL-Berenzstein, con elevados niveles de preocupación por los ingresos, el empleo y las finanzas familiares.
Sin embargo, el desgaste social todavía no se traduce de manera automática en una ventaja para la oposición. Los relevamientos que recibe el Gobierno siguen mostrando a Milei competitivo frente a dirigentes como Axel Kicillof y, en algunos escenarios, por encima del peronismo en intención de voto. La falta de una alternativa opositora consolidada mantiene abierto el escenario electoral.
La actividad económica también suma señales de preocupación. El indicador del INDEC correspondiente a agosto mostró un avance mensual de apenas 0,1% y una caída interanual del 1,7%. La industria y la construcción continúan debilitadas, mientras que el crecimiento de sectores como energía, minería y agro no alcanza para impulsar de manera sostenida al conjunto de la economía. El desafío del Gobierno es lograr que esos resultados se traduzcan en más empleo, mejores salarios y recuperación del consumo.
En esa línea, un informe de C-P Consultora advierte que la demanda interna sigue contrayéndose y proyecta una caída de la actividad durante el tercer trimestre. La estimación de crecimiento para 2026 se redujo al 0,6%, mientras que evitar una recesión técnica dependería de una recuperación extraordinaria en septiembre.
Frente a ese escenario, Luis “Toto” Caputo mantiene su defensa del equilibrio fiscal y la disciplina monetaria. El ministro considera que una reactivación basada en medidas que impulsen el gasto podría poner en riesgo la desaceleración inflacionaria. En cambio, desde el ala política comienzan a plantear la necesidad de ajustes que permitan recuperar el consumo y mejorar los ingresos antes de la próxima contienda electoral. También reclaman acelerar las negociaciones con los gobernadores para fortalecer la gobernabilidad.
La disputa dentro del Gobierno ya no se limita a las diferencias entre Karina Milei y Santiago Caputo, ni a la clásica división entre halcones y dialoguistas. El debate gira cada vez más alrededor de cómo responder cuando las dificultades económicas chocan con el discurso oficial. De un lado están quienes exigen sostener las convicciones sin concesiones; del otro, quienes consideran necesario negociar y adaptarse para evitar un mayor desgaste.
La división, sin embargo, no configura dos bloques perfectamente definidos. Las diferencias atraviesan distintos sectores del oficialismo y también aparecen en las estrategias legislativas y electorales. Incluso Karina Milei, que respaldó recientes acuerdos en el Congreso, mantiene reparos frente a la aceleración de negociaciones políticas en las provincias.
Las últimas votaciones parlamentarias dejaron en evidencia ese cambio de escenario. Mientras el Presidente cuestionaba desde España las mediciones sobre el deterioro económico, los legisladores libertarios negociaban modificaciones en proyectos que inicialmente habían sido defendidos con posiciones mucho más rígidas.
La iniciativa sobre discapacidad consiguió media sanción en Diputados con 237 votos afirmativos, nueve negativos y cuatro abstenciones. Para alcanzar esa mayoría, el oficialismo aceptó incorporar actualizaciones de prestaciones por inflación, garantías de cobertura de salud, compatibilidad entre pensiones y empleo registrado, y mecanismos para regularizar deudas con prestadores. También se contemplaron partidas del Tesoro para financiar las medidas, aunque dentro del Ejecutivo persisten cuestionamientos por su impacto presupuestario.
Las conversaciones incluyeron además la intervención de representantes de la Iglesia, que reclamaron respuestas para el sector antes de la eventual visita del papa León XIV a la Argentina. La agenda papal contempla una institución dedicada a la atención de personas con discapacidad, lo que volvió a poner el tema en el centro de la discusión pública.
Otro acuerdo que expuso las contradicciones del oficialismo fue la aprobación de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. El proyecto obtuvo 124 votos a favor, 119 en contra y seis abstenciones, pero para reunir los apoyos necesarios La Libertad Avanza aceptó restablecer restricciones a la compra de tierras rurales por parte de extranjeros, una normativa que Milei había buscado eliminar mediante el DNU 70/2023.
La concesión generó cuestionamientos entre los sectores más doctrinarios del espacio, que vieron cómo una iniciativa presentada bajo la bandera de la libertad económica terminaba incorporando límites que habían sido defendidos por gobiernos anteriores.
¿Se encamina el oficialismo hacia una moderación? Por ahora, la respuesta es incierta. Los acuerdos legislativos muestran que el Gobierno puede ceder cuando necesita construir mayorías, pero todavía queda por demostrar si esas negociaciones forman parte de una estrategia duradera o si son movimientos puntuales para evitar derrotas.
La próxima discusión sobre la eliminación o suspensión de las elecciones primarias podría convertirse en otra prueba de esa tensión entre el dogmatismo ideológico y el pragmatismo político.






